Secuestro en La Habana
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Dos francesas en poder de secuestradores
   Dos jovencitas francesas, Deborah Jaoui y Sonia Arbib, vinieron a conocer Cuba con el fin de bailar y divertirse, pero en lugar de ello vivieron momentos dramáticos en una embarcación secuestrada este mes por un grupo de cubanos que deseaban salir del país.
  Las francesitas, respectivamente de 21 y 20 años, tomaron la nave para cruzar la bahía sin imaginar siquiera que iban a verse arrastradas al vórtice de un incidente internacional.
  "Era la una de la madrugada ese miércoles, vimos que la lancha para cruzar la bahía de La Habana se nos iba y nos echamos a correr", dice Arbib en diálogo con AP.
  Están sentadas en la cafetería El Patio, de la plaza de la Catedral, donde también bebieron un trago aquella noche terrible. "Cruzamos la bahía en lancha porque es más barato, para ir al Cristo de Regla a donde íbamos a bailar salsa con dos amigos cubanos", agrega Arbib.
  Pero poco tiempo después, la nave fue secuestrada por hombres armados con una pistola y varios cuchillos, que ordenaron a la tripulación poner rumbo a Estados Unidos.
  Sin embargo, por falta de combustible, la embarcación quedó a la deriva a 30 millas de la costa en aguas internacionales, hasta que el grupo accedió a ser remolcado al puerto cubano del Mariel, al oeste de La Habana.
  "Sonia y yo conversábamos cuando de repente me di cuenta de que un hombre amenazaba a una mujer con un cuchillo en la garganta, y me entró pánico", recuerda Jaoui.
  "Después otro hombre hizo lo mismo" con otra pasajera, añadió.
  Las turistas son de origen marroquí y trabajan como camareras en París. Hablan sonrientes y con soltura, aunque se notan nerviosas y fuman mucho.
  Las jóvenes calculan que habría unas 30 personas en la embarcación. "Estábamos aterradas, yo repetía constantemente: vamos a morir. Nuestros amigos trataban de tranquilizarnos, pero también tenían miedo", dice Arbib.
  La joven recuerda además que apenas podía soportar el mal tiempo que agitaba esa noche las olas del Atlántico. "Vomité mucho, me sentía sin fuerzas, no comimos ni tomamos nada durante 40 horas. Para ir al baño, uno de los secuestradores nos acompañaba a la cubierta y veíamos los tiburones", agrega.
  Las francesas subrayaron también la angustia terrible que sintieron cuando los secuestradores accedieron a ser remolcados hasta el Mariel, pero pensaron que, a su llegada, la policía iba a ocupar la embarcación y todo iba a acabar.
  Sin embargo, no sucedió así. "Uno de los secuestradores dijo que una de nosotras dos teníamos que ir con él. Me decidí yo porque habló español y pensé que trataría de convencerlo de que me dejara ir", explica Jaoui.
  Hace una pausa y comenta: "Se llamaba Bárbaro. Me puso un cuchillo en la garganta pero decía que no me iba a matar. Siento una sensación extraña cuando pienso que no era malo...   Conversamos juntos, le di mi dirección, le supliqué que me dejara ir, hasta le dije que me casaría con él".
  Mientras tanto Arbib logró regresar donde estaba su amiga. "Mientras Deborah seguía conversando con Bárbaro, me comuniqué por señas con un policía y cuando vimos que el jefe (del grupo de secuestradores) tenía los ojos cerrados nos tomamos por la mano y saltamos", relata Abib.
  "Todo el mundo hizo lo mismo", acota Jaoui.
  Se interrumpe brevemente y agrega:   "Eran cinco terroristas, pero tenían cómplices y calculamos que en total se querían ir unas diez personas".
  Cuando todo acabó, les trajeron comida y bebida caliente, así como ropa.
  "Vimos un movimiento y entonces llegó el presidente Fidel Castro y nos felicitó por haber tenido la idea de comunicarnos con la policía y de saltar", añade.
  No han perdido la sonrisa, aunque confiesan que la gente las conoce y les hace preguntas. "A veces sentimos miedo", dijo Jaoui, "pero vamos a terminar las vacaciones y visitar toda la isla".
  Las jóvenes saben que los secuestradores han sido llevados ante la justicia.
  "No somos nadie para juzgar", señala Arbib, "pero no tienen excusas ni justificación por lo que hicieron, porque pusieron en peligro la vida de mucha gente y deben responder por el delito".
  Jaoui y Arbib se sienten muy mal desde que se enteraron de las ejecuciones de tres de los terroristas en la mañana del 11 de abril.
  "Precisamente cuando me informaron de eso yo estaba hablando por teléfono con mi novio en Francia e inmediatamente éste me dijo que regresará a mi país", cuenta Jaoui.
  Dice la joven que se sorprendió por la rapidez con la que se aplicaron las sentencias, pero señaló, "no me quiero pronunciar al respecto, pues no soy nadie para hacerlo".
  Confiesa Jaoui que a medida que pasan los días se da cuenta de la gravedad de los hechos que vivió durante su estancia en Cuba.
  "Tengo mucho miedo, me siento mal, ahora tengo ganas de ver a mi familia, de olvidarlo todo" y tras una pausa agrega, "estoy contenta de estar viva".
  Sin embargo, la joven camarera parisiense aspira a regresar un día a la isla, "fueron unas vacaciones terribles, pedimos dinero prestado para poder visitar este país que me gustó tanto la primera vez que vine".
"Ahora sólo aspiro a descansar y a olvidar, pero algún día volveré para pasar en esta isla las vacaciones que no pudimos pasar esta vez", concluyó Jaoui.
Una nota oficial leída en el noticiero de la televisión del mediodía de este viernes informó que Lorenzo Enrique Copello Castillo, Bárbaro Leodan Sevilla García y Jorge Luis Martínez Isacc, los "jefes más brutales" del incruento secuestro, en el que no hubo heridos, fueron sentenciados a la pena de muerte y ejecutados.
Otros 4 implicados fueron condenados a cadena perpetua y uno a 30 años de cárcel.
El frustrado intento de secuestro de la nave Baraguá fue el tercer asalto violento a un medio cubano de transporte en dos semanas, por individuos deseosos de emigrar a Estados Unidos.
El 19 de marzo, seis secuestradores armados con cuchillos desviaron un avión DC-3 hacia Cayo Hueso. Doce días después un hombre con una granada se llevó un avión AN-24 también a la Florida.
La Habana culpa sistemáticamente al gobierno de Washington de promover la emigración ilegal al garantizar la residencia en el país a cualquier cubano que llegue a territorio de Estados Unidos. .
Por Rafael Carela Ramos