De un hombre inmenso
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Por amor al prójimo y enfrentando el terrorismo
  Tinieblas, insensatez y odio se explayaron durante días y semanas en este tribunal, como una incurable enfermedad, y anticiparon el frío, los cerrojos de alta seguridad y una crueldad premeditada; lo tapiaron todo y no dejaron resquicios para la justicia. La decencia, el decoro y la verdad definitivamente no tuvieron la más mínima oportunidad de prevalecer en este juicio.
  No obstante, aquel 18 de diciembre el alegato presentado por Fernando González Llort, en la vista de sentencia, resonó en la estancia como un acto de fe, de confianza en el entendimiento humano, de seguridad en que el amor y la justicia al final se impondrán sobre el rencor, el resentimiento y el encono de una minoría poderosa de apátridas y ultrarreaccionarios trogloditas que en Estados Unidos distorsiona, falsea y manipula la realidad de la mayor de las Antillas.
  "Yo pensé que la Fiscalía vendría hoy a esta Sala a solicitar para mí una sentencia de un año de probatoria. Después de todo, eso fue lo que esta misma Fiscalía le ofreció al señor Frómeta cuando este le compró a un agente encubierto del Gobierno un misil Stinger, explosivo C-4, granadas y otros armamentos", subrayó en la primera parte de sus palabras.
  "No importa, agregó, que el señor Frómeta le hubiera confesado al propio agente encubierto sus intenciones terroristas y el uso asesino e inescrupuloso que haría de esos materiales.
  "Después recapacité y me di cuenta de que esperar ese mismo tratamiento por parte de la Fiscalía hacia mí era algo ilusorio, pues yo soy cubano de allá, de la Isla, y eso implica que al acusarme entran a jugar otros factores", explicó.
  En aquella oportunidad el hoy prisionero de la cárcel de Oxford, Wisconsin, luego de referirse a una larga lista, que cada año crece, de connotadas y bestiales acciones terroristas alentadas y realizadas contra su país desde Estados Unidos durante las últimas cuatro décadas, reconoció que a Cuba no le queda otra alternativa que tener personas aquí que por amor a su Patria y no por dinero, la mantengan al tanto de los planes terroristas y le permitan evitarlos siempre que sea posible.
  "Esa es la razón de mi presencia aquí. Mientras la situación sea la que he descrito, Cuba tiene el derecho moral de defenderse de la forma en que mis compañeros y yo lo hemos hecho", enfatizó.
  Se refirió a cómo el 11 de septiembre del 2001 el mundo pudo ver horrorizado por televisión un acto criminal, espantoso y deleznable que consternó a la mayor parte de la población del planeta, y se quejó de que, desgraciadamente, los actos terroristas que durante años se han cometido contra Cuba desde territorio norteamericano no han sido transmitidos por las grandes cadenas televisivas de EE.UU.
  Por último reiteró que nunca puso en peligro la seguridad nacional de Estados Unidos, ni fue nunca esa su intención ni la de sus compañeros.
  "Lo que hice fue motivado por el amor a mi Patria y por la convicción de que la historia demuestra que es la única opción que le queda al pueblo cubano para evitar la muerte de inocentes personas y la destrucción que traen aparejadas las acciones terroristas que se cometen contra mi país", agregó.
  En las manos del Gobierno de Estados Unidos, dijo, está el poner fin a esos actos en interés de ambos pueblos, acciones que sí afectan la seguridad nacional de las dos naciones, y exhortó a las autoridades de ese país a actuar basándose en principios y sacudirse la influencia perniciosa de un grupo pequeño, pero poderoso económicamente, de mafiosos y ultra derechistas de la comunidad cubana de Miami.
  "Sinceramente, confío en que algún día Cuba no tenga necesidad de que personas como yo, voluntariamente y por amor a su país y a sus hermanos, vengan a este país a luchar contra el terrorismo.
  "En los años de presidio me acompañará siempre la dignidad que he aprendido de mi pueblo y de su historia", finalizó este hombre que si bien no es inmortal, y sufre y va envejeciendo cada día, lleva en sus ojos reflejada esa inmensidad que simboliza la libertad y tranquilidad de sus hermanos y que lo hace parecer eterno..
Por Aldro Madruga