El teléfono no se debe al progreso de la civilización, ni a una necesidad histórica o la revolución científico técnica. Solo fue un hombre que necesitaba conversar a cada hora o minuto con su amor, aunque los especialistas digan lo contrario, porque ese es el más grande de los móviles.
Lo mismo sucedió con la imprenta y la computadora. Pero esta vez la razón tiene que ver con un don Juan al que se le cansaba la mano de tanto escribir, para mantener sus disímiles conquistas.
Algunos hablan de los primeros amantes y se engañan con la vieja historia de Adán y Eva. Amantes de verdad aquellos que inventaron la navegación, a fin de reunirse, a pesar de las distancias.
Otra pareja se encontró, y tras descubrir que vivían en los extremos del planeta, decidieron que ni siquiera eso podía separarlos. Sin embargo, la solución debía de ser drástica: un barco no bastaba, y se les ocurrió el avión.
¿Y la grabadora? Otro enamorado que no podía vivir sin escuchar a la mujer de sus sueños. Entonces, ideo el equipito -supongo que el primero pesaba más que la propia amada. Desde entonces repite su voz cuando la necesita, y hasta la puso a cantar.
Locos de atar ha habido alrededor de todo el globo, y aun mas allá. A uno se le ocurrió, además, guardarse la imagen de su chica, e inventó la fotografía con tal de impresionarla también. Se quedó corto. El que le disputaba a la muchacha, creó la televisión y se la llevó.
Por supuesto, los peores inventos se relacionan con el mismo motivo. Parece que nadie recuerda a alguien en esas circunstancias con anterioridad a los griegos. Lo cierto es que el joven Paris le robó la mujer -Elena, seguro hermosísima- al rey Menelao, y ahí mismo sobrevino la guerra de Troya.
¿Y quién se atrevería a negar que los métodos de tortura son la malévola idea de cónyuges traicionados que se empecinaron en descubrir el nombre de su rival? Algunas represalias son suaves o sutiles; otras, mortales. Todo a causa del orgullo y la pasión.
Ahora está dando mucho de qué hablar una nueva fantasía: la clonación. Una parte de quienes andan tras ella, pretenden revivir a alguien imposible de alejar. Se esfuerzan en repetir el cuerpo, los ojos..., aunque no consigan traer de vuelta los sentimientos.
La humanidad ha vivido los inventos de la poesía y la canción, del correo electrónico y la aviación, de la fotografía y la TV. Hombres y mujeres de esta y otras épocas sabrán a ciencia cierta cómo nació cada uno de ellos.
Quizás la realidad no tenga nada que ver con esta ficción que he recreado. Pero, a fin de cuentas, quién duda que detrás de cada acto supremo de creación no haya un amor capaz de derribar los secretos de la vida y de la ciencia, pues el mismo amor es el mejor de los inventos. .