Mercaderes de la hipocresía
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Sobre desacreditar nuestra dignidad nacional
  No, no me refiré a Jean Valjean, Fantine, Marius ni a otros de los personajes de la célebre novela Los Miserables, escrita por Víctor Hugo, en la que retrató fielmente a la sociedad francesa del siglo XIX, sino a esa exigua minoría de "cazadores de turistas", que en pleno tercer milenio se dedican en nuestras calles al indecoroso oficio de desacreditar nuestra dignidad nacional, so pretexto de una falsa amistad.
  Por idiosincrasia, el pueblo cubano es antixenófobo, y consecuentes con nuestro multiétnico origen, somos hospitalarios, serviciales, amistosos y hasta apasionados compartidores, todo lo cual fue forjado en más de un campo de batallas, primero por la independencia patria y después reciprocando la ayuda recibida en decenas de países hermanos.
  Y aunque no tengo amigo en el extranjero, soy de los que piensan que la amistad no tiene fronteras y que al igual que la economía, la cultura y la ideología, puede globalizarse.
  Pero lo censurable, por no tener nada que ver con nuestra ética revolucionaria, son los que como limosneros denigran al noble pueblo cubano con esas hipócritas actitudes que van desde brindarse como guías de turismo (no me refiero a los de verdad).
  Ofertar apetitosas cenas o invitarlos a fiestas caseras, entre otras modalidades y esto ocurre, incluso, con la actitud cómplice o elogiadora de algunos vecinos.
  No podemos ser ingenuos; no todo el que nos visita viene con buenas intenciones y aún cuando sean los menos, no podemos desestimar que estas cosas pueden estar asociadas a actividades delictivas, actos de corrupción e incluso fenómenos más peligrosos y lacerantes como la prostitución o las drogas.
  Y que conste, en ello no determinan el nivel cultural, el sexo, el color de la piel, ni la ocupación laboral; es más, existen algunos que gracias a la obra de la Revolución han adquirido un nivel de vida por encima de la media e igual ocurre con los fines, que son diversos y van desde la adquisición de dinero, artículos materiales hasta hacerse de una invitación para viajar al exterior.
  Somos un país pobre económicamente, pero con dignidad y decoro, con una cultura política admirada en todo el mundo; el futuro que se nos avecina implicará ineludiblemente el incremento de las relaciones con extranjeros y mucho de historia, cultura y espiritualidad tenemos que brindar.
  Créanme, que entre los que nos visitan se respeta y admiran más a los que defienden sus principios que a los que venden su alma por unas monedas: así ha sido y así será. .
Por Clovys Ortega