Ella es una belleza. Ella, porque en inglés se usa cariñosamente el femenino para hablar de los barcos. Ella, pues, es un elegante yate de 24 pies, tipo cabin cruiser, de marca Grady-White, con una máquina de 260 caballos-vapor en el vientre. Un sueño de pescador, a la altura del ilustre Hemingway.
Cuando James Cason, el alto funcionario del Departamento de Estado, supo que Otto Reich le concedía el puesto de Vicki Huddleston, de Jefe de la Sección de Intereses Norteamericanos en La Habana, no pudo hacer otra cosa que pensar, aunque fuera un instante, que le hacía falta llevar a la Isla caribeña esta belleza de 24 pies almacenada en Annandale, Virginia. Porque James Cason es un fanático de la pesca, de los que siempre juntan a sus maletas su vara preferida, completa con todos los accesorios.
Así fue que se atrevió a informarse discretamente de los requisitos para efectivamente instalar la embarcación en la habanera Marina Hemingway -un lugar donde ya flotan numerosas banderas de los Estados Unidos sobre un amplio número de barcos de recreo cuyos dueños (¿serán disidentes?) no se dejan estremecer por las redes legales del Departamento del Tesoro.
Supo, con satisfacción, que ningún escollo iba a impedir la maniobra y que podía anclar su yate en el muelle de su elección a un precio mucho más razonable que cualquiera de los que pudiera encontrar en la costa de la Florida.
Hasta ahí las aventuras del Comandante Cousteau.
Venía la tempestad tropical.
En el propio Departamento de Estado, entonces reino de Otto Reich, apareció el arrecife maldito que iba a hacer naufragar el lindo proyecto de descubrimiento de las innumerables maravillas del archipiélago cubano.
Hubo un individuo, uno de los múltiples informantes asalariados de la mafia terrorista de Miami, que valoró como brillante disparar la información, a la vez personal y confidencial, a sus jefesverdaderos -los de Dade County.
Hay que decir que, en el State Department, desde que le otorgaron a George W. Bush el trono presidencial, los plomeros de la Miami Conexión disponen de un aparato de escucha del cual ni se soñó para el Watergate.
El santuario de la política extranjera del Imperio está infiltrado como nunca antes, penetrado, pasteurizado por una enorme cantidad de personajes asociados, de una manera u otra, a los que desde Florida manipulan y chantajean el poder imperial.
Así que una mañana de junio, James Cason recibió en su celular un timbrazo que le informaba de su primer choque contra esta mafia, la que, mientras esté en La Habana le va a monitorear religiosamente.
Los piratas de Miami
La prensa mafiosa había abierto el fuego contra su flota y amenazaba con echarla a pique.
Entre otros piratas, el reportero Rui Ferreira, del Nuevo Herald, el libelo más devoto de la mafia, denunciaba el hecho de que Cason iba a amarrar su Grady-White en los muelles de la Marina Hemingway, citando a fuentes anónimas.
Ferreira revelaba que Cason, siempre según sus fuentes, se proponía usar el barco como "herramienta diplomática" y lugar para recibir a sus invitados.
En un análisis de aquel texto de Ferreira, Radio Progreso de Miami, al denunciar una vez más los dobles estándares de los dos Herald, el hispano y el anglo, notó que el reportero atribuía sucesivamente el origen de la noticia a "un alto funcionario de la Administración", unas "fuentes en el Departamento de Estado", un "ayudante legislativo", "un diplomático" y "una fuente".
En Londres, Times ironizó: "Aunque ni ha tomado su puesto, James Cason, el nuevo jefe de la misión diplomática de EE.UU. en Cuba, está ya en el agua caliente".
Seguía el prestigioso diario londinense: "Esto no afectará aparentemente el nombramiento del Sr. Cason, de 57 años de edad, un diplomático de carrera. Pero el chasquido, indica bien, las siempre presentes tensiones que rodea a la política cubana de EE.UU.
Aunque los expertos dicen que nada parecía impedir legalmente a un diplomático poseer un barco en Cuba, muchos ven una cierta impropiedad acerca de eso. 'Sería lindo si el resto de nosotros pudiéramos hacer lo mismo', comentó Philip Peters, un crítico del embargo del Instituto Lexington, un think-tank de Virginia".
Dos días después, el Herald (versión anglófona) retomaba el tema, al publicar las denegaciones oficiales del Departamento de Estado bajo el título U.S. denies envoy to Cuba will arrive in a sailboat (Los EE.UU. niegan que el enviado a Cuba llegara en un yate).
"Es falso -declaraba James Carragher, el encargado de Cuba en el Departamento de Estado-; Cason no tiene un velero. Tampoco tiene yate. Tiene un barco de pesca que se quedará almacenado cuando se vaya."
El Nuevo Herald tuvo que caer de rodillas frente a la orientación de su hermano grande. Pero, al publicar las alegaciones de Carragher, no resistió al deseo de insistir en que "el rumor" era verdadero.
Ahi están los jefes
Las desventuras del Grady-White de James Cason no son más que la demostración, en blanco y negro, de quien dirige efectivamente la política de Estados Unidos hacia Cuba.
La forma con la cual se lanzaron desesperadamente las "fuentes" del Departamento de Estado para calmar la ira de la camarilla de Dade-County explica el porqué de los múltiples viajes de la ex jefa de la SINA a Miami, Sra Vicki Huddleston, quien tuvo que entender que su jefe del Departamento de Estado no era más que el hombre de los capos miamenses en la capital.
Hace ya varios meses que Mr Cason está en La Habana, donde se consagra a merodear, entre unos anexionistas que sus servicios alientan a fuerza de tragos de Bacardí, petits fours y "estímulos" varios. Además de entretenerlos a domicilio.
Y desde Miami, sus jefes verdaderos siguen valorando cada una de sus maniobras y exigen más provocación.
En aquella versión torpe de El Viejo y el Mar, el pescador perdió el barco pero no perdió los tiburones.
Lo más probable es que Hollywood nunca le reclamará el guión. .