Optamos por la vida
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Nuestra decisión en tiempos difíciles:
  En lo que hoy pudiéramos llamar período de transición de una sociedad a otra, la Biblia nos recuerda el reclamo profético que hiciera Moisés a los hijos de Israel, precisamente, cuando preveía la cercanía de la Tierra prometida: "Mira, hoy, yo pongo delante de ti, la vida y el bien; la muerte y el mal... escoge, pues, la vida para que vivas tú y tu descendencia".
  En el umbral mismo de un nuevo año, que a la vez es un nuevo siglo y un nuevo milenio, no nos queda otra opción, como pueblo y como Iglesia, que afirmar con todo denuedo y confianza: "Nosotros optamos por la Vida".
  Vivimos un tiempo en el cual la globalización neoliberal ha hecho sus opciones: la vida para una minoría y la muerte para los millones de excluidos que el propio sistema ha ido creando cada vez en mayores proporciones. El sustento de estas opciones se ha convertido en los instrumentos ideológicos de la muerte que a la vez sustenta la internacionalización de una cultura de la desesperanza.
  No hay lugar para los sueños. El fin de la historia ha llegado para otros paradigmas y otras alternativas: no vale la pena luchar. Hay que aceptar el orden existente.
  Ese no es el espíritu de la tradición bíblica. La centralidad del mensaje de Jesús de Nazaret, era el Reino de Dios: un proyecto de humanidad en el cual la voluntad de Dios se hace en la tierra, como en el cielo. Y esta buena noticia era acompañada con el desafío de que es posible, en la misma historia de los seres humanos, en este y no en el otro mundo, vivir, amar, luchar y aún sufrir en la construcción de las señales de este proyecto.
  Como dije en la Mesa Redonda Informativa el 25 de diciembre del 2000, los primeros cristianos lograron crear un proyecto social donde hombres y mujeres eran como una sola alma y un solo corazón, no había necesitados entre ellos, nadie decía ser suyo lo que poseía, sino que lo compartían con los demás, y a cada cual se le daba según sus necesidades. Es decir, este era un intento de crear una sociedad asentada sobre los valores comunitarios.
  A pesar del fracaso de algunos proyectos socialistas, Cuba no renuncia a construir un proyecto social asentado en valores similares. Y esta voluntad es un desafío a los creyentes de los diferentes credos e iglesias a ser consecuentes con el evangelio de Jesucristo. En el umbral de los nuevos tiempos, me siento optimista en el futuro de nuestro pueblo. Porque si hay un pueblo que merece la bendición de Dios, ese es nuestro pueblo cubano. .
Por el Reverendo Raúl Suárez