Guerra como masacre
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En el mundo que cohabitamos
  Es mayor riesgo para la humanidad y para la biosfera George W. Bush que Saddam Hussein. 
  A consecuencia de los atentados del 11 de septiembre, como jefe de la única superpotencia global, verdadero imperio no territorial, decidió dominar el mundo por la fuerza. Inauguró la guerra permanente y la "justicia infinita", pasando por encima de las convenciones y leyes internacionales. Analizando sus pronunciamientos oficiales se nota una peligrosa escalada.
  El primer paso fue convocar al mundo para una guerra implacable contra el terrorismo internacional.  Su lema era: "quien no está con nosotros está en contra nuestra". Lo segundo fue identificar a los países que pueden proteger y fomentar el terrorismo global.
  Contabilizó cerca de sesenta, llamándolos países "parias" y "bandidos", de los cuales tres forman el "eje del mal": Irán, Iraq y Corea del Norte.  Y por fin, proyectó una guerra preventiva.
  En el discurso del 7 de octubre de 2002, dirigiéndose a la nación, dice Bush claramente: "En vista del evidente peligro, no podemos esperar pruebas decisivas", haremos la guerra.
  Ahora, es la premisa del derecho público e internacional que cualquier decisión se base en pruebas decisivas.  Los inspectores internacionales no trajeron hasta ahora ninguna prueba decisiva, ni fueron convincentes las listadas por Colin Powel. 
  Pero eso para Bush no es un impedimento para una acción unilateral. Quien amenaza y desafía militarmente a un país debe ser, inmediatamente, desarmado. Y es así que Bush amenaza con usar todas las armas disponibles para una acción militar preventiva.
  Aquí reside el riesgo de Bush.  El arsenal disponible de armas químicas, biológicas y nucleares es tan grande que apenas un porcentaje de ellas podría diezmar a toda la humanidad.
  George Bush, notoriamente más comedido que su hijo, autorizó la utilización de uranio empobrecido, en forma de revestimiento de bombas, contra la población iraquí en 1991. 
  Ese material radioactivo, residuo de la fabricación de armas atómicas, permanece activo por 4 500 años, sus partículas penetran el suelo, contaminan aguas y alimentos y producen cáncer y deformaciones genéticas.
  Esa perversidad fue aplicada también en la ex Yugoslavia, en Kosovo y en Bosnia. Fueron lanzados cerca de 940 000 proyectiles revestidos de ese material de muerte.
  Las víctimas son incontables. En la guerra contra Iraq 150 000 niños murieron y 500 000 como consecuencia del embargo.
  La guerra inminente no es guerra, es cobardía, es masacre. No se trata más de enfrentamiento de ejércitos, es de matanza de civiles desde los 16 mil metros de altura con bombas inteligentes. Max Born, premio Nobel de Física (1954), denunciaba la prevalencia de la muertes de civiles en la guerra moderna. En la Primera Guerra Mundial murieron solo el 5 por ciento de civiles, en la Segunda Guerra el 50 por ciento, en la guerra de Corea y Vietnam un 85 por ciento; datos recientes daban cuenta de que contra Iraq y la ex Yugoslavia el 98 por ciento  de las víctimas eran civiles.
  No basta estar por la paz.  Tenemos que estar contra la guerra. No hay ninguna guerra santa, justa o humana. Todas son perversas. .
Por Leonardo Boff