La verdad cautiva
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Es absurdo y es injusto
  Por encima de todas las crueldades, las bajezas humanas, la prepotencia y la más evidente injusticia, René, Gerardo, Ramón, Antonio y Fernando, son inocentes.
  Hay que verlos desde sus fotografías para que cualquiera se de cuenta que en sus rostros - reflejo del corazón - no hay nada de terroristas. Que son personas decentes y honorables, que son jóvenes alegres, de una elevada cultura y un consagrado patriotismo.
  Son hombres sencillos, que aman intensamente a su familia, que escriben poesías y que, aún en cautiverio, mantienen la serenidad y la calma para saber descubrir las cosas bellas de la vida.
  Si miramos con cuidado cada uno de sus rostros, ellos nos dirán que jamás pretendieron dañar al pueblo norteamericano, ni intentaron poner en peligro su seguridad. Cuba ha dado las pruebas para demostrarlo. Sus alegatos en el juicio y su actitud son los mejores testimonios para hacer pedazos la causa por la que se les acusa.
  En las crónicas de René, en su diario y en su defensa, decía: "Ni la evidencia en este caso, ni la historia, ni nuestros conceptos, ni la educación que recibimos, apoyan la absurda idea de que Cuba quiera destruir a Estados Unidos".
  Y recalcaba René: "Seguiremos apelando a esos valores y a la vocación por la verdad del pueblo norteamericano con toda paciencia y la fe y el corazón que nos puede infundir el crimen de ser dignos"
  El gran valor de cada uno de ellos fue asumir con valentía el peligro de vigilar a terroristas despiadados, que desde dentro de la mafia miamense, han pretendido, en miles de ocasiones, hacer añicos la Revolución cubana y atentar contra la vida del Presidente cubano Fidel Castro. Y eso sí es terrorismo.
  Sin embargo, esos gozan de libertad a cielo abierto. Muchos sirvieron de testigos a la Fiscalia y pasaron cobardemente por el estrado de la corte para atestiguar con infamias contra Gerardo, René, Gerardo, Antonio y Fernando.
  Aún así estos jóvenes no han sido doblegados por el encarcelamiento. La verdad no tiene cadenas. Sus ideas siguen estando al lado de la Patria que con tanta fuerza han defendido.
  Ningún proceso judicial pudo ser más sucio y humillante. Primero por los cargos de que se les acusa, y porque Gerardo Hernández y Ramón Labañino, comparecieron a sus respectivas vistas públicas con los pies encadenados, lo cual constituye una violación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la propia Constitución norteamericana y una falta elemental de respeto a un recluso.
  Ramón, en Texas; Gerardo, en California; René, en Pennsiylvania, Fernando, en Minnesota, y Antonio, en Colorado, han sido separados, como si haciéndolo pudieran socavar el ejemplo viril y la razón de la verdad.
  Para nosotros los cubanos no tienen cabida el engaño, ni la mentira, ni todas las razones que puedan esgrimir los jueces parciales, ni la ultraderecha miamense, para mantener a estos jóvenes en injusto cautiverio.
  Somos testigos de la actitud terrorista de quienes por más de cuatro décadas han querido destruir a una Isla pequeña, a un pueblo que aprueba y quiere su Revolución. Cuba tiene el legítimo derecho a defenderse de los actos terroristas que se han desatado desde la Florida con total impunidad y por los cuales han muerto cientos de miles de personas inocentes.
  Pero la verdad, esa que siempre encuentra el camino de la razón no podrá quedarse entre rejas. Ya los pueblos del mundo están despertando ante esta injusticia y, entonces, René, Antonio, Gerardo, Fernando y Ramón, volverán a la Patria y, definitivamente, junto a su familia. .
Por Mildred Legrá Colón