Posición diáfana
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Contra el terrorismo
  Cuba ha mantenido una posición consecuente, diáfana y de principios en la lucha contra el Terrorismo Internacional en las últimas cuatro décadas como ningún otro país, y demostrado con hechos concretos su voluntad política de contribuir a la erradicación de este flagelo.
  Para enfrentar este mal la Isla siempre manifestó la necesidad de fortalecer la cooperación más amplia posible dentro de la Comunidad Internacional, de conformidad con los principios de la Carta de la ONU y el Derecho Internacional.
  Aun antes de la creación de las Naciones Unidas, en fecha tan temprana como diciembre de 1937, la mayor de las Antillas estuvo entre los firmantes de la "Convención para la Prevención y la Sanción del Terrorismo".
  Ese documento reafirmaba el principio del Derecho Internacional según el cual: "...es deber de todo Estado abstenerse de todo acto destinado a favorecer las actividades terroristas dirigidas contra otro Estado y de impedir los actos por los cuales tales actividades se manifiestan".
  En ese sentido, La Habana ha mantenido una activa participación en todas las reuniones del Comité sobre Terrorismo de la Sexta Comisión de la Asamblea General de la ONU.
  Cuba, que ha sido víctima del terrorismo durante más de 40 años, no ha descansado en la búsqueda de fórmulas de cooperación para la lucha contra el Terrorismo Internacional, que permitan contrarrestar actos de esta naturaleza sufridos por otros Estados, como los trágicos sucesos del 11 de septiembre en Estados Unidos.
  Sólo así se puede aquilatar en toda su dimensión la coherente decisión de octubre del pasado año de una sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular de ratificar los siete convenios y protocolos internacionales de lucha contra el terrorismo.
  Con ese trascendente paso, Cuba se adhirió a los 12 instrumentos jurídicos en esta materia adoptados en el ámbito de las Naciones Unidas, con lo cual se convirtió en una de las primeras naciones en cumplir con el llamado del Secretario General de esa organización.
  En el plano interno este empeño se completó con la aprobación parlamentaria dos mes después de la Ley contra Actos de Terrorismo, todo un aporte el combate contra ese grave azote de consecuencias universales.
  No puede olvidarse que este territorio caribeño ha sufrido la pérdida de tres mil 478 de sus hijos y de miles de heridos, entre ellos dos mil 099 incapacitados permanentemente, debido a la política anticubana de las sucesivas Administraciones norteamericanas desde 1959 hasta el presente.
  Incluso la Casa Blanca, auto proclamada paladín de la lucha antiterrorista mundial, no ha roto el estrecho maridaje que la vincula con la mafia terrorista de origen cubano asentada en Miami, ni ha impedido que esos grupos utilicen su territorio para acciones violentas contra este pueblo y sus dirigentes.
  El doble rasero de Washington en esta materia es evidente, pues pretende santificar la existencia de un terrorismo malo, atribuido a quien no se pliegue a sus intereses, y un terrorismo bueno, el que se práctica contra naciones, como Cuba, renuentes a aceptar la hegemonía de la potencia norteña.
  Así tenemos el caso de los cinco compatriotas cubanos: Ramón, Fernando, Gerardo, Antonio y René, encarcelados injustamente por el imperio, por el hecho de luchar contra el terrorismo y la violencia contra su Patria.
  A pesar del genocida historial de la vecina nación, la parte cubana propuso a las autoridades estadounidenses firmar acuerdos bilaterales de enfrentamiento conjunto al terrorismo, el narcotráfico de drogas y el contrabando de personas, rechazados por la Administración republicana por mezquinas consideraciones políticas.
  Sin embargo, la ínsula ha reiterado su voluntad de continuar cooperando en los ámbitos bilateral y multilateral en el combate efectivo contra tan peligroso fenómeno internacional sobre la base de los compromisos adquiridos en virtud de los instrumentos internacionales vigentes.
  Cualquiera que sea la causa profunda y los factores de orden económico y político, no se puede negar que el terrorismo constituye para el mundo actual un peligroso fenómeno, el cual es indefendible desde el punto de vista ético. Y todos estamos de acuerdo en que debe ser erradicado.
  La contribución cubana en este sentido es diáfana y transparente. .
Por Juan D. Nusa Peñalver