La homosexualidad apenas comienza a ser fuente de debates públicos en Cuba, mientras en otros países se instaura la unión civil entre personas del mismo sexo y se conquistan otros derechos.
El diario Juventud Rebelde sorprendió a sus lectores a comienzos de agosto con la publicación de un reportaje sobre la historia de una madre y un padre sumamente arrepentidos por haber rechazado a su hijo gay.
"Mi primera reacción fue negarlo. No podía creerlo. Después me enojé mucho, yo lo había criado para que fuera macho, y siempre rechacé a ese tipo de gente. Me sentí defraudado y avergonzado.
¡Qué iban a pensar de mí!", confesó el padre entrevistado.
La historia, publicada por la periodista Aracelys Bedevia, tuvo un final muy común en Cuba: el padre llegó a decir al hijo que lo prefería muerto a maricón. "Se fue, no sé para dónde. Hace casi un año que no lo vemos", dijo el entrevistado.
El rotativo, segundo de alcance nacional en importancia en el país, siguió así las huellas de la revista universitaria Alma Mater, que en junio publicó la investigación periodística "Homosexualidad en Cuba: el precio de la diferencia".
La homosexualidad, considerada una de las "zonas de silencio" de la prensa nacional controlada por el Estado, había estado ausente de esos medios de comunicación por varias décadas.
Sólo apareció en ese lapso alguna mención en materiales sobre el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) o salud, pero nunca antes se había publicado un trabajo que defendiera el derecho de gays y lesbianas a ser diferentes y viera la homosexualidad como una orientación sexual más.
"¿Normal?...se volvieron locos", comentó Félix González, un adolescente de 17 años, sobre el artículo aparecido en Juventud Rebelde. Sin embargo, ese opositor a "lo que dice el periódico" reconoció que en la escuela a la que concurre "todo el mundo leyó el reportaje".
González, estudiante de una escuela formadora de maestros y que pronto estará dando clases, no quiso ni aceptar la posibilidad de que el gusto por personas del mismo sexo sea algo normal. "El macho tiene que ser macho", afirmó.
Muy distinto opina Armando López, un artesano que hace años decidió divorciarse de la que era su esposa y no ocultar más su identidad gay. "Ojalá que estemos ante una real apertura y que no se trate de un hecho aislado y nada más", comentó.
López recordó la publicación a comienzos de los años 90, también en Juventud Rebelde, de una serie de trabajos sobre la prostitución en Cuba que aparentemente levantaban la censura sobre el tema, pero después volvió a silenciarse.
"No hay un seguimiento del tema y la prostitución está ahí, incluso con otros matices y tendencias diferentes a los de entonces. El tratamiento del tema de la homosexualidad no debe ser coyuntural sino resultado de una política", apuntó.
Este artesano agregó que la cuestión es más complicada. "No estamos hablando de un problema social, pero la mayoría de la gente sí nos ve como un problema, un fenómeno. Si se tiene que reconocer algo bueno en uno de nosotros se trata como una excepción", explicó.
En Cuba no existen organizaciones conocidas de gays y lesbianas y tampoco movimientos de defensa de los derechos humanos de estas personas, que en buena parte de los casos optan por ocultar su orientación sexual.
Aunque se han dado casos aislados de uniones simbólicas entre parejas de un mismo sexo, nadie en esta isla caribeña reclama la legalización del matrimonio entre homosexuales, el derecho a adoptar o a la fertilización asistida en el caso de las lesbianas, un método reservado sólo a parejas tradicionales.
Pero la legislación cubana tampoco incluye regulaciones de corte homofóbico desde la reforma penal de 1997, a pesar de que el rechazo a la homosexualidad es un sentimiento fuertemente arraigado en buena parte de la población debido a la cultura machista dominante.
En el área del mar Caribe, la penalización de la relación entre personas del mismo sexo está vigente sólo en Puerto Rico, estado libre asociado de Estados Unidos.
En tanto, en islas anglófonas de la zona se suspendieron sólo en 2001 las sanciones de años de cárcel para la práctica homosexual en privado.
Sin embargo, la manifestación pública de relaciones entre dos mujeres o entre dos hombres puede ser aún motivo de privación de libertad en la mayoría de esos países, según fuentes de Amnistía Internacional, la organización humanitaria con sede en Londres.
Para Mariela Castro, directora del gubernamental Centro Nacional de Educación Sexual, la comunidad homosexual cubana debe aprovechar el ambiente de cierta tolerancia al respecto existente desde los años 90 en el país para hacer valer sus derechos.
Castro, una de las pocas funcionarias que mantiene una posición abierta de defensa de los derechos de gays y lesbianas, consideró necesaria la implementación de políticas más explicitas para enfrentar "cualquier manifestación de discriminación por cuestiones de orientación sexual".
Por el momento, la realización de varios estudios sobre la homosexualidad en Cuba aparece como otro importante síntoma de apertura, pues hasta hace muy poco este tema también estaba ausente de la investigación científica y social.
En la mayoría de los casos, los estudios son parte del programa nacional de prevención de infecciones de transmisión sexual y pretenden definir comportamientos sexuales, actitudes de riesgo y posibilidades de modificación de las mismas.
Datos del Ministerio de Salud Pública indican que desde 1986 y hasta abril de este año se detectaron en el país 4.699 personas portadoras del virus de inmunodefi-ciencia humana (VIH), causante del sida y 1.063 fallecieron.
Alrededor de 78% de los portadores de VIH son hombres y la mayoría de ellos mantienen relaciones sexuales con otros hombres.
Paralelamente, un número aún limitado de estudios indagan en el rechazo social hacia los homosexuales, la homofobia en la construcción social de la masculinidad o la violencia entre parejas gay.
Una investigación realizada entre estudiantes de medicina de la Universidad de Pinar del Río, a 140 kilómetros de La Habana, detectó una valoración de las personas homosexuales basada en prejuicios en torno a esa orientación sexual.
"Es sorprendente la discriminación y el prejuicio que impera aún entre los futuros profesionales de la salud respecto de los homosexuales", dijo la sicóloga Geydi Díaz, autora del estudio. .