Contradicciones de un plan
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Una filosofía totalmente irresponsable:
   La economía estadounidense continúa dando síntomas de debilidad mientras el proyectado plan de reanimación del presidente George W. Bush, lejos de ofrecer tranquilidad ha recibido críticas de numerosos sectores del país porque lo catalogan de favorecer a los ricos y de profundizar el abultado déficit fiscal.
  El plan de recorte tributario, evaluado en 350 000 millones de dólares en 10 años, prevé la eliminación de los impuestos por dividendos e impulsa otras rebajas aprobadas por el Congreso en el 2002.
  Al presentar la proposición a principios de año, Bush significó que la medida ayudaría a las pequeñas compañías y aportaría más dinero a las manos de la población con lo que se aumentará el consumo interno que representa las dos terceras partes del Producto Interno Bruto (PIB) de la nación.
  Tras grandes discusiones el Senado aprobó por 51 votos contra 50 el pedido gubernamental y la diferencia la logró el vicepresidente Dick Cheney al levantar su mano a favor. De todas formas, el monto es menos de la mitad de lo que Bush pidió en un principio que elevaba el recorte a 726 000 millones de dólares, luego lo redujo a 550 000 millones hasta que no le quedó más remedio que aceptar los 350 000 millones.
  El plan pretende eliminar los impuestos pagados sobre los dividendos por los accionistas y acelerar los recortes impositivos aprobados en el 2001, adelantando al 2003 las reducciones que debían tener lugar en el 2004 y 2006 y también, hipotéticamente, apunta a crear 2,1 millones de empleos en tres años.
  El presidente norteamericano no le ha ido nada bien en este sentido pues desde que llegó al poder a principios del 2001 se han perdido en el país dos millones de puestos de trabajo y en la actualidad la tasa de desempleo se eleva al 6 %, el más alto de los últimos 12 años.
  El proyecto Bush incluye una pequeña transferencias a los Estados de la Unión, a pesar de que se encuentran en la peor crisis fiscal de los últimos 50 años y algunos expertos aseguran que empeorará su situación presupuestaria.
  La caída de la recaudación por la debilidad de la economía y del mercado de valores esta obligando a los Estados a tomar drásticas medidas pues todos, excepto Vermont, tienen leyes que le prohíben que el presupuesto tenga déficit.
  De tal forma, muchos Estados han reducido los gastos educativos y de salud, han despedido a miles de empleados e incluso han llegado a liberar a presos de las cárceles por la precaria situación de sus erarios.
  En el Plan, los beneficios del seguro de desempleo se extenderán de 26 a 39 semanas para los trabajadores que perdieron sus empleos después del 11 de septiembre, pero solo en aquellos estados donde la tasa aumentara al 30 % desde ese fecha.
  En la actualidad, uno de tres trabajadores estadounidense es idóneo para recibir los beneficios de desempleo y muchos que reciben sueldos bajos o tienen ocupaciones temporales serán excluidos.
  Inmediatamente después de publicado, el Partido Demócrata señaló que el proyecto solo beneficiará a los más ricos en detrimento de las capas pobres, mientras que el 60 % de los norteamericanos dijeron que el llamado estímulo a la economía solo favorecerá a los más pudientes, según una encuesta de la cadena televisiva CBS.
  Las opiniones de los medios de información fueron desalentadoras. The Washington Post, en un editorial la calificó de "filosofía irresponsable", The New York Times la llamó "extravagante" y Los Angeles Times la describió como "fastuosa" y predijo que no reanimará la economía a corto plazo. Solo The Wall Street Journal, ligado al gran capital la tildó de "excelente".
  A mediados de febrero, cientos de expertos, encabezados por 10 galardonados con el Premio Nobel de Economía, publicaron a toda página del The Washington Post un análisis en el que calificaron al plan de estímulo fiscal del presidente como un "enfoque erróneo" para la recuperación del país.
  Señalaron que la medida representará un cambio permanente en la estructura fiscal y no facilitará la creación de empleos ni el crecimiento en el corto plazo.
  Entre los cientos de economistas que firmaron la nota aparecían los premios Nobeles Joseph Stiglitz, George Akerlof, Daniel McFadden, Robert Solow, Paul Samuelson, Peter Diamond y Franco Modigliani, entre otros.
  Otro cubo de agua fue lanzado a W. Bush cuando el propio presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Alam Greenspan argumentó durante un informe al Congreso que el plan es una medida "prematura" y elevará el ya abultado déficit discal.
  Con las rebajas de los impuestos a las grandes compañías, el Estado dejará de recaudar miles de millones de dólares y el Centro de Investigación para las Prioridades Presupuestarias y Políticas que dirige Robert Greenstein señaló que esa medida incrementará a la astronómica cifra de 700 000 millones de dólares, el déficit en estados Unidos.
  La eliminación de la doble imposición de los beneficios empresariales supone un costo aproximado del 60 % del recorte presupuestario y beneficia solo a quienes invierten directamente en la Bolsa de Valores o en fondos de inversión.
  El 65 % de los beneficiados por la eliminación de este impuesto cobra más de un millón de dólares anuales y representa el 5 % de la población que más gana.
  En ese sentido, Greenstein indica que la gran tajada del dinero quedará en manos del 0,2 % de los contribuyentes más ricos que obtendrán tantas ventajas como el 90 % de personas que pagan impuestos.
  Existen muchos puntos flacos en el Plan del presidente estadounidense y congresistas como Nancy Pelosi, jefa de la bancada opositora en la Cámara de Representantes lo calificó de ineficaz y fiscalmente irresponsable, mientras el senador republicado John McCain lo tildó de demasiado inclinado hacia los inversores y a los que están mejor económicamente.
Por su parte, Charles Rangel, del Comité de Medios y Procedimientos de la Cámara de Representantes, dijo que "es una receta para el desastre de nuestros Estados y ciudades, de la educación, asistencia médica y seguridad social".
  Antes de aprobarse el proyecto, la Junta Federal de la Reserva había anunciar que la actividad económica del país siguió siendo anímica y se calcula que este año el déficit presupuestario alcanzará los 400 000 millones de dólares. Esto, como es lógico sin contar con el Plan Bush. .
Por Hedelberto López Blanch