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El Vedado, La Habana, Cuba
  Cuando escribo este artículo, W. Bush se encuentra en Australia, luego de una sorpresiva y breve visita a Irak, donde estuvo unas pocas horas en la base aérea de Al-Asad, en la provincia de Alambar, de mayoría sunnita, una de las más conflictivas por las acciones de los insurgentes contra la ocupación.
  Según el mando norteamericano en Irak, esa provincia, luego del incremento de las fuerzas norteamericanas está relativamente en calma, al igual que Bagdad, la capital, lo que señalan como una prueba del éxito del plan de W. Bush, al aumentar el número de efectivos del ejército en ese país.
  El aumento, recordemos, fue de 30 mil hombres, lo que obligó al ejército a un tremendo esfuerzo para mantener más de 162 mil soldados. Hasta tuvo que subir el tiempo de estancia en Irak a 15 meses, en lugar de 12. A esa cantidad habría que sumar unos 180 mil “contratistas” (mercenarios) que operan en el país, contratados por empresas privadas.
  Durante su estancia en Irak, W. Bush y el general David Petraeus anunciaron que si la situación seguía así, se podría sacar de Irak una parte de las fuerzas. La mayoría de los analistas coinciden en señalar que, de llevarse a cabo esa retirada parcial, en marzo del 2008, sería una especie de acto simbólico en un año de elecciones. Hasta el propio Petraeus ha dicho que para pacificar Irak serían necesarios no menos de 10 años.
  Acto de propaganda electoral
  Por tanto, la visita relámpago de W. a Irak es un acto de propaganda electoral, encaminado a tratar de influir sobre la opinión pública que, en su mayoría, no apoya esa guerra, que ha cobrado ya la vida de más de 3730 soldados norteamericanos y de cientos de miles de iraquíes, tal vez de más de un millón y todo género de sufrimiento y destrucción.
  Es evidente que la Casa Blanca busca mejorar su imagen, cuando se acercan las elecciones presidenciales y el Partido Republicano sufre las consecuencias de los fracasos de una política de fuerza, que ha afectado la economía del país y convertido a Estados Unidos en una nación temida pero despreciada al mismo tiempo.
  Un elemento a tener en cuenta es el “goteo” de funcionarios cercanos al presidente que han preferido abandonar el gobierno, tal vez por el temor de verse afectados en su futuro, o porque se preparan para asumir nuevamente posiciones de gobierno, ya sea después del 2008 o del 20l2.
"Los hombres del presidente":  Karl Rove
  La salida, por ejemplo, de Karl Rove, tiene muchas lecturas posibles. Una de ellas es que pudiera ser el elegido para dirigir la campaña de Jeb Bush en las elecciones del 2012, algo que puede estar perfectamente dentro de la estrategia republicana y de los neoconservadores.
  Sin embargo, ello no es obstáculo para que W. Bush y sus acólitos continúen desarrollando la misma política agresiva en la arena internacional y tomando medidas que benefician exclusivamente a los sectores más ricos de la población estadounidense. Sobre todo, a la elite de poder. El Partido Demócrata sufre las consecuencias de haber apoyado la política hegemónica de la Casa Blanca. No podía ser de otra manera. Responde a los mismos intereses.
  El índice de aprobación de los miembros del Congreso, ahora en manos demócratas, no rebasa el 25%, inferior al del propio presidente W. Bush que oscila entre un 29 y un 32%. El desprestigio es de tal magnitud que algunos prominentes conservadores tradicionales y liberales han planteado la necesidad de crear un tercer partido político, capaz de devolver al pueblo norteamericano la confianza en el sistema.
  Realmente, es difícil pensar que eso sea posible. Todos los intentos de crear una tercera fuerza política en Estados Unidos han terminado en el fracaso. El sistema fue creado para que dos partidos se alternaran en el poder. Lo que sucede es que, si bien siempre ha existido una continuidad política en los gobiernos norteamericanos, sean republicanos o demócratas, había ciertas diferencias. Pero ahora se han reducido tanto, que ya no es posible distinguir entre uno y otro.

El desgaste,  en las elecciones del  2008

  Al margen de lo anterior, es evidente que los candidatos del Partido Republicano en las elecciones de noviembre del 2008, sea a la Presidencia o al Congreso, cargan sobre sí el fracaso de la política de los neoconservadores en Irak, Afganistán, los escándalos de todo tipo de varios destacados funcionarios y congresistas, las torturas de Abu Ghraib y Guantánamo, el abandono de las víctimas del huracán Katrina y el estado de la economía.
  Es un fardo nefasto que, necesariamente, pesará sobre los votantes, a no ser que ocurra algo que cambie esa situación. Precisamente, algunos observadores de la realidad norteamericana han analizado los posibles desenlaces, partiendo de la premisa de que los neoconservadores no van a abandonar la lucha y van a tratar de mantener el poder al que tanto tiempo les costó llegar.
  De ellos les expongo los dos desenlaces que a mi juicio más probabilidades tienen, aunque hay otras variantes, incluso combinaciones. Lo que sí es bueno tener en cuenta es que los pasos que ha dado el actual gobierno, las medidas que ha tomado y han sido aprobadas por el Congreso, no tienen marcha atrás.
  Tal vez haya cambios cosméticos de ganar los demócratas. Tal vez el propio gobierno de W. Bush haga cambios antes de las elecciones para beneficiar a los republicanos. Me refiero al Acta Patriótica, a la Ley de Comisiones Militares, a la rebaja de impuestos, entre otras. Es posible que hasta cierre Guantánamo. Pero todas las medidas que coartan y disminuyen las libertades fundamentales de los norteamericanos, benefician a los más ricos y aumentan la capacidad represiva del estado, se mantendrán de una forma o de otra, con demócratas y republicanos.

El golpe de "terror":  pretexto contra Irán

  El primer posible desenlace, es el “zambombazo”. Tanto W. Bush como el vicepresidente Richard Cheney han dicho en varias ocasiones que, de producirse un atentado terrorista como el del 11 de septiembre del 2001, se establecería el estado de sitio, y el ejército asumiría el control del país. Para ello lograron que el Congreso aboliera la Ley Posse-Commintatus de 1878, que prohibía la participación del ejército en los asuntos internos del país, a no ser que la nación fuera agredida.
  El comandante en jefe del ejército es W. Bush. Por lo tanto, asumiría todos los poderes militares y civiles. El Poder Legislativo y el Judicial dejarían de funcionar. Y se produciría, de facto, un golpe de estado. En los últimos tiempos, han tenido lugar cambios en los mandos militares estadounidenses. En todos los casos responden a la línea neoconservadora más agresiva y fascista de las fuerzas armadas. Eso no es por gusto.
  Uno de los elementos más analizados por los expertos es que, de tener lugar un nuevo atentado terrorista --organizado por los mismos que hicieron posible o consintieron el 11 de septiembre del 2001--, se culparía de ello al gobierno iraní y W. Bush procedería a declarar la guerra a ese país, con la ayuda de la propaganda de los medios de difusión en manos de la elite de poder y de los grupos financieros sionistas de Estados Unidos. En ese caso, las elecciones quedarían suspendidas o pospuestas por tiempo indefinido.
  En los últimos tiempos hemos visto como se incrementa la campaña contra Irán en los medios de difusión norteamericanos y de otras partes del mundo. Los mandos militares en Irak acusan a los Guardianes de la Revolución Islámica (GRI), un elemento independiente del ejército iraní, de entrenar, financiar y entregar armas y explosivos a los insurgentes iraquíes, lo que ha costado la vida a cientos de soldados estadounidenses. Recientemente, el Departamento de Estado propuso declarar a los GRI una organización terrorista, lo que constituye un acto más de provocación.
  Estados Unidos ha concentrado en el Golfo Arábigo-Pérsico tres portaviones con sus barcos escoltas, todos dotados de cohetes y armas nucleares. En la isla de Diego García, en el Océano Indico ha colocado decenas de aviones de bombardeo de largo alcance. O sea, que ha creado las condiciones para llevar a cabo una “operación quirúrgica” con el uso de armas nucleares tácticas contra Irán. Lo que falta es el pretexto.
  Puede parecer una locura, pero les recuerdo que contra Irak se esgrimieron pretextos parecidos. Primero fueron las armas de destrucción masiva. Luego que Irak tenía relaciones con Al Qaeda, la organización de Osama bin Laden. En el caso iraní el fantasma es la posibilidad de que pueda construir la bomba atómica.

En el "tablero":  El juego de Israel ; "huir hacia delante"

  Otra variante en el caso de Irán es que sea Israel la encargada de dar el golpe quirúrgico. Se conoce que el gobierno sionista tiene listos dos escuadrones de aviones F-16, con armas nucleares tácticas y bombas de penetración para destruir las instalaciones nucleares iraníes. El mismo Cheney dijo en un programa de radio que Israel tenía el derecho de sentirse amenazado y, si destruía las instalaciones nucleares iraníes, luego Estados Unidos trataría de “arreglar el embrollo diplomático”. Ese es casi un cheque en blanco para que Israel agreda a Irán.
  Algunos analistas señalan que es poco probable que eso ocurra. Sin embargo, es una variante a tener en cuenta. Sería como “huir hacia delante”. Es decir, crear un problema mayor que el de Irak para salir airoso con el apoyo del pueblo norteamericano. Esta variante puede ser un arma de doble filo, pues depende de la actitud que asuma el pueblo estadounidense, que ha sido engañado demasiadas veces.

Credibilidad perdida: ¿"Suavizando" la política?

  El otro desenlace es más pacífico, sería menos costoso y no sería necesario acabar con el sistema que le ha servido a la elite de poder para gobernar durante más de dos siglos. Es conocido que existen sectores poderosos de la elite de poder preocupados por la situación en que se encuentra Estados Unidos, tanto en lo interno como en su imagen internacional. Esos sectores aspiran a “reconformar” el stablishment y devolverle cierta credibilidad.
  Una forma de devolverle esa credibilidad perdida, según ellos, es la propia continuidad del sistema. Es decir, la realización de elecciones en noviembre del próximo año. Que ganen los demócratas. “Suavizar” la política, ser menos agresivos, y continuar con el juego político usual, con el detalle de que quedarían las medidas represivas tomadas por el gobierno de W. Bush.
  Y aquí puede haber otra jugada de los neoconservadores. Para nadie es un secreto que la actual Administración tratará de impedir el estallido de la crisis económica. Pero es difícil que el actual estado de cosas –burbuja inmobiliaria, burbuja financiera, pérdida de credibilidad del dólar que conduce a su devaluación-- pueda mantenerse por mucho tiempo. Agreguen a ello los demás problemas internos y la situación en Irak. Parece obvio que el próximo gobierno heredará un “campo minado” del que le resultará difícil salir indemne.
  No es posible dejar de tener en cuenta que todos esos problemas pueden estallar mañana, pero también entre el 2008 y el 2012. Si a ello agregamos un “zambombazo” en el momento oportuno, unido a una campaña bien orquestada por los medios sobre la debilidad del gobierno demócrata y de un Congreso en manos del mismo partido, tendríamos las condiciones ideales para que los neoconservadores regresaran triunfantes al poder.
  Y en ese momento aparecería una imagen salvadora, que algunos neocons pretenden vincular al legado de Ronald Reagan. Tal vez un actor, tal vez Jeb Bush, el hermanísimo, o cualquier otro que reúna las condiciones. Cualquiera de las dos variantes es factible. Me inclino más por la segunda, la pacífica, sin dejar de tener en cuenta la primera.
  Lo único que cabe agregar es que los próximos 14 meses de gobierno de W. Bush serán muy tensos en la arena internacional. Asistimos a la decadencia de un imperio, el más poderoso que haya existido sobre la faz de este planeta. Cabe esperar que en su caída no arrastre al resto de la humanidad. Como siempre, los invito a que mediten.
Fuente: Cubarte
La soledad de W. Bush
Por Eduardo Dimas