JORGE Moragas, secretario de Relaciones Internacionales del Partido Popular español, quien intentó entrar a Cuba con una visa de turista cuando venía a cumplir su tarea de provocador por cuenta de sus amigos de Miami, no manifestaba el mismo amor a la democracia y a los derechos humanos cuando mafiaba, hace un año, en la Florida, con las amistades terroristas de su amo Aznar.
De las relaciones turbias de Aznar con los elementos más extremistas y corruptos de la Florida, quienes financiaron primero su acceso al poder y luego reclamaron una comisión jugosa, Moragas, confidente del ex inquilino de la Moncloa, pudiera tal vez dar explicaciones que pudieran ayudar a entender su propia actuación.
Aznar, hoy jefe de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), firmemente conectada a la tubería oculta de la USAID, manejada por el cubanoamericano Adolfo Franco, y donde Moragas ocupa el puesto de director de Relaciones Internacionales, nunca fue propenso a explicar la génesis de su anticubanismo visceral.
No parece un ejercicio inútil refrescarle la memoria y, al mismo tiempo, la de su hombre de confianza.
Rodeado de mafiosos terroristas
En una foto bien conocida, tomada en Miami durante su viaje de iniciación en 1995, Aznar se ve emocionado al lado de sus nuevas amistades: Jorge Más Canosa, jefe vitalicio de la Fundación Nacional Cubano-americana y agente de la CIA formado en el sabotaje, y José Antonio “Toñín’’ Llamas, miembro del Comité Ejecutivo de la Fundación Nacional Cubano-americana (FNCA).
Este mismo personaje salió en las primeras planas de la prensa cuando, el 27 de octubre de 1997, fueran detenidos en Puerto Rico cuatro emigrados cubanos que se dirigían, a bordo del yate miamense La Esperanza, con fusiles calibre 50, hacia la isla venezolana de Margarita, donde el Presidente cubano iba a hablar en una Cumbre Iberoamericana. El barco de los cuatro terroristas era de su propiedad.
La investigación también reveló que Francisco Pepe Her-nández, el entonces presidente de la FNCA desde la muerte de Más Canosa, era dueño de uno de los fusiles.
Tremendas amistades para el Jefe del Gobierno de la “República de España”, como lo designara equivocadamente su cómplice y amigo Jeb Bush, más tarde en Madrid.
¿Recodará Moragas
el regalo de la Sintel?
En 1996, la gran corporación estatal española Sintel prosperaba. Contaba con 21 filiales en el mundo. Fue en este momento que Juan Villalonga, penúltimo presidente de la Telefónica y amigo íntimo de Aznar, la vendió a la firma estadounidense MasTec International, propiedad de Jorge Más Canosa y su hijo, Jorge Más Santos.
Según ex socios de Más Santos, heredero único de su papá, éste ha liquidado fraudulentamente a Sintel mediante una serie de maniobras financieras y una brocheta de sociedades internacionales en paraísos fiscales y bancos de Luxemburgo, Haití, Islas Vírgenes, México, Puerto Rico, Suiza y Estados Unidos.
Sintel finalmente
se declaró en quiebra.
La enorme estafa dejó sin empleo a varios miles de trabajadores españoles de Sintel y sus subsidiarias. Un hecho que no emocionó mucho a los defensores de los derechos humanos del PP.
Cuenta el conocido académico e investigador cubano José Luis Mén-dez, en su libro recién publicado Salvar el mundo del terrorismo, que en 1995, precisamente, “la FNCA incremen-ta los planes terroristas (…). Esta escalada selecciona centros industriales y puntos de concentración de turistas, se estudian la refinería ubicada en la ciudad de Cien-fuegos, la termoeléctrica de Matanzas y el cabaret Tropicana, en el Oeste de la capital”.
Quedan varios testigos de aquella conspiración, entre ellos el guatemalteco Percy Alvarado, el agente Frayle, de la Seguridad del Estado cubana, quien fue contratado en Miami para tales tareas.
Aquella operación de la FNCA era entonces tan sofisticada que la organización había distribuido a varios de sus agentes en la Isla equipos GPS —luego ocupados— para ubicar las viviendas de dirigentes de la Revolución, hospitales que prestaban atención a extranjeros y sedes de organizaciones de masas.
Sin embargo, la amistad entre Aznar y Más Canosa era de tal nivel que el capo miamense le presta su avión personal para viajar a El Salvador y a Costa Rica en compañía de su hijo, quien se encarga de asegurarse que no le falte nada al distinguido gallego.
Entretanto, sigue el terrorismo. Posada Carriles desencadena en 1997 su campaña de terror durante la cual muere en La Habana el joven turista italiano Fabio di Celmo.
¿Pretenderá hoy Moragas hacer creer que Aznar ignoraba, mientras se encontraba en Miami en noviembre de 1995, y que él mismo sigue ignorando, que aquellos personajes que atendían al líder del PP con tanto esmero estaban fuertemente vinculados a actividades de terrorismo?
¿Habrá sido tan mal informado para no haberse enterado, en 1997, del caso de La Esperanza y de la posterior inculpación de varios personajes vinculados a la FNCA en este escandaloso dossier de terrorismo?
¿Tampoco se habrá enterado cuando, en julio de 1998, Posada Carriles confiesa al New York Times que había recibido 200 000 dólares de la mano de Jorge Más Canosa para ejecutar acciones terroristas contra Cuba y que así se había financiado la campaña de atentados en La Habana en 1997?
Cuando en noviembre del 2000 Aznar se encuentra en Panamá y las autoridades de ese país proceden al arresto del terrorista internacional Luis Posada Carriles, quien pretendía dinamitar el anfiteatro de la Universidad panameña mientras hablaba el Presidente cubano, ¿seguía ignorando que Posada estaba vinculado a sus amigos de la FNCA… tal como su cómplice Guillermo Novo Sampoll, ejecutivo de esa organización?
Cuando condenaba ruidosamente a los terroristas vascos en aquella Cumbre, ¿no se había enterado de que, en Miami, sus amigos de la FNCA alentaban, financiaban y orientaban desde hacía años las actividades de Posada y su pandilla de terroristas internacionales?
El neofranquista Jaime Mayor Oreja, ex ministro del Interior —otro gran demócrata famoso por los casos denunciados de torturas y maltratos físicos en las comisarías de España— y entonces uno de los tres delfines del Jefe del Gobierno español, ¿no habrá sabido informar a su jefe de la rica trayectoria terrorista de sus amistades miamenses?
¿Y tampoco los Bush, otros socios del bigotudo jefe del PP? Esos mismos Bush que liberaron de la cárcel a Orlando Bosch, a sicarios como “Charco de sangre” Esquivel… y que permitieron el regreso reciente a la Florida de Guillermo Novo Sampoll, después de su indulto en Panamá con dos de sus cómplices?
Moragas, autodesignado experto en Relaciones internacionales y “diplomático” (sic), ¿no sabrá que sus amigos de Miami reclaman abiertamente para Cuba no una “democracia” idílica sino que se haga “un segundo Iraq” y que “La Habana sea transformada en Bagdad”?
O como lo dice con su habitual elocuencia la diva miamense Ninoska Pérez-Castellón, que “Cuba sea limpiada con un gran bulldózer desde Pinar del Río hasta Santiago para repoblarla luego con la gente de Miami”.
A Moragas no le vino por la mente viajar a Bagdad a dar lecciones de derechos humanos a los torturadores de Abu Ghraib nacidos en gran parte de su apoyo indefectible y de su partido “popular” a las pretensiones imperiales.
Pero sí voló hacia Cuba con todo el entusiasmo de aquellos mercenarios apátridas que los subsidios imperiales animan.
Tortura
Moragas recordará tal vez que el presidente del Comité contra la Tortura de la ONU, el catedrático español Fernando Mariño Menén-dez, pidió en mayo al Gobierno español que sucedía entonces al de Aznar, que aceptara recomendaciones del relator especial para la tortura, presentadas en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas en Ginebra. Mariño Me-néndez señaló entonces a la AFP que el comité deseaba que “prevalezcan los criterios humanitarios en el encarcelamiento” en este país donde Aznar, Oreja y Moragas aplicaron durante ocho años su concepto, a menudo fascistoide, de los derechos humanos, tanto en la represión en el país vasco como en la inmigración. .