Por ahí corren las voces de que hace unos días, el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, ha hecho declaraciones respecto al llevado y traído tema de la lucha del Imperio contra el terror. Dicho así no sería algo nuevo, porque el discurso ya lo conocemos.
Sin embargo, en sus palabras quedó algo un poco oscuro, tan oscuro como la propia “estrategia” yanqui para acabar, supuestamente, con el terrorismo en el mundo.
Dijo el alto funcionario de la administración Bush, que ahora los terroristas tienen menos lugares para escaparse y esconderse, o lanzar ataques mortíferos.
¿A quiénes se refiere?, porque en memoria fresca está el acto de entreguismo de la ex presidenta panameña Mireya Moscoso con el aparatoso indulto otorgado a cuatro connotados matones internacionales de origen cubano.
Absueltos, dicho sea de paso, gracias a las propias presiones de Powell y de los grupos más recalcitrantes del sur de la Florida.
Son insolentes las afirmaciones de que los terroristas tienen menos lugares para escaparse y esconderse, aunque, pensándolo bien, no dejan de expresar su lógica.
Porque sí, es cierto que los terroristas cuentan con menos lugares adonde ir, pues casi siempre se refugian en territorio norteamericano, y allí se pasean, tienen negocios, son figuras públicas a quienes se entrevista de manera frecuente por los medios, y, en fin, viven la vida como Carme-lina, según el refranero popular.
Justo, mientras hago y rehago estas líneas, recuerdo una intervención del terrorista Santiago Álvarez en el canal 23 de Miami en la cual, ante la pregunta del conductor de ese espacio acerca de la actual situación de Luis Posada Carriles, respondió que se recuperaba y estaba como volviendo a nacer en algún lugar de América. Parece que Powell está resultando un poco ¿despistado?
En realidad desconocemos el paradero de Posada (no podría asegurar lo mismo de quienes lo ampararon en su nueva escapada), pero los otros tres: Guillermo Novo Sampoll, Pedro Crispín Remón y Gaspar Jiménez Escobedo, fueron aceptados en Estados Unidos, luego de esa fuga oficializada.
Consta que el pasado 26 de agosto unos agentes del FBI se dirigieron al aeropuerto de Opa Locka, en la Florida, y poco después llegaban en un jet los susodichos terroristas ya nombrados.
La historia de Posada y sus cómplices ha sido denunciada una y otra vez. ¿Escapan a la justicia por obra divina? Por supuesto que no.
Al leer los planteamientos de Powell siento pena por aquellos que han sido víctimas de personajes tan tristemente célebres como Posada y que aún continúan con las heridas del dolor abiertas por la pérdida de un hijo, un esposo, un padre, un hermano o un amigo.
Da rabia que Powell hable de que los terroristas tienen menos lugares donde escaparse y esconderse, cuando EE.UU. es su cuna; cuando cinco cubanos, verdaderos combatientes contra ese flagelo, denunciaron durante un juicio amañado y sucio dónde estaban, se reunían y hacían sus planes los verdaderos criminales.
El pago para ellos fue la cárcel y sentencias severas e injustas. Es repugnante que Powell ignore estas cosas. Las normas norteamericanas prohíben que una persona de la que se sospeche que está vinculada con el terrorismo, resida en Estados Unidos, pero la realidad demuestra lo contrario. El indulto de la Moscoso puso la gota que colmó la copa.
A propósito, la opinión gráfica que acompaña este trabajo es una caricatura de Gerardo Hernández Nordelo, uno de los Cinco anti-terroristas presos. Es genial la manera en que resume la idea de la impunidad que gozan los auténticos terroristas en un sitio como Miami.
Con el humor que le caracteriza nos pone a reflexionar sobre algo incuestionable: el FBI se hace el “sueco” con los que adoran el C-4, sin dudas, todos socios de la señora Moscoso.
No es de extrañar que se afiance la filosofía del haz lo que yo digo y no lo que yo hago. En esto, ignoro si Powell habrá meditado, porque su gobierno tiene el récord. .